Y al paso al que voy, puede que no sea la última vez. Por si acaso, ya me he sacado una tarjeta de fidelidad del hotel y otra de mi bien-amada tienda de ropa In-Wear, sobre la cual ya comenté en una entrada anterior.
Pasé toda la semana pasada entre Copenhague y varias ciudades danesas y el miércoles ya desesperaba de aprender algo nuevo sobre mis dos temas de predilección en este país: la gastronomía y las rarezas locales.
Pues allá vamos, el miércoles pasado, pude probar el Stegtflaesk med persillesovs, que son unos trozos de cerdo fritos con una salsa de perejil.
Este plato es típico los martes. ¿Y por qué los martes? Porque unos cuantos restaurantes se transforman ese día en sitios donde uno puede comer cuanto quiera por un precio fijo. Y en esta ocasión el plato principal y a veces único plato cocinado, es este Stegtflaesk.
Más platos típicos son: - Tulearter med Flaesk: una sopa de guisantes amarillos. - Brunkål: col hervida quemada con azúcar para darle un color moreno. - Skipperlabskaovs: un plato de cuchara que consiste en una carne y patatas hervidas hasta obtener una consistencia medio-líquida. A esta preparación se le añade pimienta entera, hierbas y a veces remolacha.
He estado de nuevo en Dinamarca esta semana. El viaje estuvo preparado por el Sr Murphy y su famosa ley.
Por orden cronológico: -Despertarse a las 4 de la madrugada. -Coger el coche para recorrer los 60km que separan del aeropuerto de Düsseldorf, bajo una niebla espantosa. -Todo esto para llegar al aeropuerto y ver que el vuelo a Copenhague ha sido anulado. -Llamar al compañero M., el muy listo, que había cogido un vuelo de otra compañía y está a punto de embarcar. -Ir al mostrador de SAS y toparse con la azafata más torpe que el mundo haya creado: “Señora, ¿está segura que no hay ningún vuelo que me pueda llevar a Copenhague antes de las 12:00?” -Recuperar a la compañera A. que se empeña en querer ir al poste de check-in automático: “que el vuelo ha sido anulado, ven aquí”. -Ver como mi compañera A. pierde poco a poco la compostura ante la ineficacia de la señora azafata. Conseguir por fin un vuelo vía Gotenburgo, Suecia, que nos llevará a las 10:00 a Copenhague, es decir dos horas tarde. Bien. -Por supuesto, el primer vuelo se retrasa y aterriza a Gotemburgo y su bosque de pinos media hora tarde. Ya no tenemos tiempo para salir, hacer el check-in y volver a entrar. Rezamos para que nos dejen hacer el check-in en la puerta de embarque. -Llegamos a Copenhague, espero media hora de cola para acceder al mostrador de SAS, porque mi maleta no ha llegado, como era de esperar. -Llegar a las 11:00 a la oficina, es decir 2 horas y media tarde. Bien. -Por fin me entregan la maleta justo antes de que me tenga que ir al hotel, que de paso, tendrá todas las estrellas que quiera, pero después de una noche en una habitación enana sin mesilla de noche y con la mitad de las bombillas fundidas, está claro que no quiero volver a un hotel Radisson, del (in)famoso grupo SAS que está empezando a acabar con mi paciencia en este viaje.
Como siempre, me lo paso bien en Dinamarca, descubriendo todas estas curiosidades que parecen tener.
Esta vez, descubro el concepto danés del distribuidor automático de chocolatinas.
En el resto del mundo, un distribuidor automático se parece más o menos a una caja fuerte, exagerando un poco, donde no se puede acceder a las chocolatinas a no ser que se haya previamente insertado el importe necesario.
El modelo que descubro en Dinamarca es muy distinto a esto y me hace suponer que el nivel de confianza que se otorga en Dinamarca es muy superior al de unos cuantos países. Para empezar es de cartón, y está abierto, en forma de pupitre: la gente coge una chocolatina o una bolsa de caramelos de una superficie tipo mostrador, y luego inserta en una ranura prevista a este efecto el importe que se debe pagar para el artículo elegido.
Se llama TrustyBox y es exactamente esto: una caja con confianza. En la página web de TrustyBox.dk, se ven unas fotos donde se puede apreciar la forma de la caja.
Otro descubrimiento que no lo es, es más bien un vicio: se trata de la tienda de la marca danesa de ropa InWear, en el aeropuerto de Copenhague. Esta tienda será mi perdición : tres viajes más a Copenhague y ya habré adquirido la colección de temporada completa, fijo.
Una cosa que encanta a los alemanes, son las máquinas con ruedas, cualquier máquina, lo importante es que ruede. Ahí va un pequeño recopilatorio de lo que he podido observar en la calle hasta ahora, esperando poder colgar fotos pronto sobre el tema:
Coches
Furgonetas
Camiones
Motos
Sidecars
Variación: un sidecar del ejercito alemán con la bandera de la RDA
Bicicletas de tipo holandés
VTT
Bicicletas “custom” donde se va casi tumbado
Tandéms
Una bici tandém de tres plazas, con la madre delante y los hijos detrás
Una bici sidecar, para el perro, etc
Bicis con un remolque trasero, cubierto y equipado de una banderita alta para llevar a los niños al cole
Carteras escolares de tipo trolley
Dos karts, vistos en la calzada de una calle del centro la semana pasada
Una bici de tres ruedas, que no un tricicle, con remolque grande delantero
Patinetes, populares entre los escolares
Patines de ruedas
Monopatines, vistos en la plaza de la catedral
Carros de la compra, “robados” alos supermercados cuyos empleados luego andan buscando por todo el barrio
Carros de la compra con cochecito para niño incluido
Carros de la compra, pero personales y de tela
Carritos bajos, con un mango largo, que sirven para transportar las cajas de cerveza
Y casi se me olvida lo mejor de todos: el tren/bici de despedida de solteros, donde los participantes tienen que pedalear para hacer andar el trenecito, a la vez que beber toda la cerveza que puedan y cantar (habitualmente canciones folclóricas alemanas de ayer, hoy y siempre). Esto es multitarear y lo demás son tonterías…
Como muestra, este vídeo, para que os hagáis una idea:
L’inventaire de Prévert moi sur les joujoux à roue allemands
Les allemands sont fous des engins à roue: peut importe que ça se tire, se pousse ou qu’on se déplace avec, tout est bon du moment que ça roule. Voici donc un petit inventaire, en attendant que j’acquière le réflexe d’emmener mon appareil photo et de laisser ici quelques témoignages visuels de ces curieux engins.
Vu dans la rue sans aucun ordre en particulier:
Une voiture
Une fourgonette
Un camion
Une moto
Un side-car
Variante: Un side-car de l’armée allemande avec le drapeau de la RDA
Une bicyclette holandaise
Un VTT
Un vélo custom, voire encore plus allongé, si affinités (avec port du casque)
Un tandem
Un tandem triplace, un tridem, enfin un vélo à trois places avec la maman devant et les deux enfants derrière
Un vélo side-car, pour le chien, etc
Un vélo avec une petite remorque couverte à l’arrière couverte équipée d’un fanion pour être vu: sert à emmener les enfants à l’école le matin
Un cartable à roues façon trolley
Un kart: vraiment vrai, deux spécimens vus dans une rue de Cologne la semaine dernière.
Un triporteur
Un patinette, toujours populaire chez les enfants sur le chemin de l’école
Des patins à roulette
Des skate boards, seulement repérés pour l’instant sur le parvis de la cathédrale
Un caddie: oui, après les employés du super les récupèrent partout dans le quartier
Un chariot à provisions
Un charriot bas avec une longue poignée, pour transporter les caisses de bière
Entre la multitud de salchichas que componen el panorama gastronómico alemán, se encuentra esta curiosidad llamada Kalbsleberwurst, una salchicha alemana hecha con hígado de ternera, entre otras cosas, que se presta a todo tipos de mezclas de sabores. Hasta con pistachos
Cette semaine, la saucisse de foie de veau, appelée Kalbseleberwurst, en fait, une espèce de pâté en forme de saucisse.
La artista alemana Patricia Waller ha puesto en su página web unas fotos de sus obras más delirantes con peluches de ganchillo. Recomendado a quién no le gusta ni el ganchillo, ni los peluches (y a los demás también, claro).
Si comme moi vous n’aimez ni les peluches ni le crochet, passez voir le site de Patricia Waller, une artiste allemande qui fait de délirantes peluches… en crochet.
If, like me, you think fluffy toys are best reserved for toddlers and crochet knitting is for your grandma, go visit the website of German artist Patricia Waller with some of her… ahem… weirdest interpretations of the subject. Not for the faint hearted.