Köln - Madrid and other stories

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Lugares para cuando no apetece celebrar que mi vida cambia (o no)

March 3, 2008 · No Comments

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Ya estamos a marzo. El 29 de febrero, se acabó mi misión de dos años en Alemania.

Cuando me fui de Madrid en marzo del 2006, el plan acordado era quedarme en Colonia por un año, con posibilidad de prorrogarlo a dos.
Pero un par de cosas cambiaron en mi vida personal, que hicieron que considerara quedarme de momento en esta simpática y tranquila ciudad, en vez de volver a Madrid.

Así es como, al final, me debería quedar unos años más en Colonia.
Hoy empieza mi nueva misión, y si en teoría mi estatuto cambia un poco, en la práctica sigo en el mismo puesto y en la misma ciudad.
Volver a España siempre es posible en el futuro, pero no está previsto de momento.

Al final, supongo que conseguí lo que quería, que era quedarme un poco más de tiempo en Colonia.
Debería estar eufórica, querer salir y quemar la ciudad. En vez de esto, lo único que me apetecía este fin de semana era reunir a una decena de amigos alemanes y salir en plan tranquilo, como si no hubiera pasado nada.
Y así fue, porque lo cierto es que  no ha pasado nada, sigo hoy donde estaba ayer. Y esto era lo que todo el mundo suponía que iba a pasar de todas formas.

Así que ahí va una mini-selección de sitios para un fin de semana de vagos, cuando ni apetece salir de marcha… 

Un sitio bonito y barato para comer carne de ternera argentina de calidad de verdad es el Farmer’s en Hohenzollernring. Forma parte de la cadena del mismo nombre, el servicio es eficaz, rápido y amable, y la carne “medium” llega roja, jugosa y tierna.
Con 12 Euros por 200 gramos de solomillo, la relación calidad-precio es más que aceptable.

Y un lugar tranquilo para charlar con los amigos es el Pacific Bar, un bar de cócteles que cierra temprano (a la 1, aunque tampoco veo que estén muy molestos si se pasa un poco la hora) perfecto para su clientela de treintiañeros.
Los precios son un poco caros según estándares colonienses pero no dejan de ser muy asequibles: entre 6,50€ y 8€ el cóctel.

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Vini Diretti Weinprobe

October 13, 2007 · No Comments

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Este jueves unos alemanes y yo hemos ido a catar vino, no exactamente en un bar, sino en una tienda especializada en vinos italianos, llamada Vini Diretti, ubicada en el bonito barrio de Müngersdorf.

La velada consistió en probar 8 variedades, cuatro blancos y cuatro tintos, así como algún piscolabis italiano. Por supuesto llegamos ya cenados a esta pequeña tienda, que las 20 personas que eramos llenamos a tope.

Y tardamos exactamente 4 horas y media en probar los 8 vinos, ya que la cata iba acompañada de comentarios del dueño, en alemán por supuesto, aunque descubrí luego que también habla inglés.

Honestamente, a partir del sexto vino, ya no sabía diferenciar entre este y los siguientes. Pero, el asunto era divertirse, y desde luego más de un alemán se lo pasó muy bien, sólo hacía falta escuchar la diferencia de decibelios entre los susurros del principio y el bullicio final.

Palabras del día:

Weinprobe: cata de vinos
Zum Wohl! ¡Salud!
Quietschend: chillón (creo que la conversación ya había degenerado a esta altura de la velada)
Verrückt: loco

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El fin de semana de todos los fallos

September 9, 2007 · No Comments

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El viernes, agotada después de día y medio de presentaciones non-stop donde tuve que reemplazar al último momento a mi jefe enfermo, decido ser valiente y acercarme al Instituto Francés para seguir el partido de apertura del Mundial Francia-Argentina.

Yendo pillada de tiempo (hay que llegar como mínimo una hora antes a estos acontecimientos) me acerco en coche: primer fallo, con esto no habrá tercer tiempo…

Segundo fallo: ¿por qué me empeño en mezclarme con gente tan rara? Las caras de seriedad que algunos traen consigo me hacen pensar que el ambiente promete, y no en bien precisamente. No hesito ni un segundo: cojo el coche y me voy. Como ya es tarde para irse a los pubs de Friesenplatz me vuelvo a casa directamente.

Sabia decisión, dado el resultado…

El sábado volvimos a cenar en un sushi, esta vez el Sushi EM al lado del Cinedom. Mismo principio que cualquier sushi bar de estas categorías: una cinta y unos cuencos de plástico con un color por nivel de precio. Esta vez he podido anticipar y he merendado fuerte, con carne incluida, porque yo, los trozos de pescado frío, en fin… Estamos ahí, dos estilistas de ARD, un banquero, Conny y yo. Las estilistas le dan el toque chic al restaurante que en si, es de lo más normalito en su categoría.

Esto no impide que sea el sitio elegido por el hombre de la mesa al lado de la nuestra, por pedirle mano a su novia, con anillo y ramo de rosas enorme incluido (y una cuanta gente más, como a la novia se le ocurra decir que no…).

Nos dirigimos al barrio belga, precisamente al Scheinbar, un bar de cócteles que a esto de las 12 parece el metro a hora punta, o un bar de Madrid a las 3 vamos. El nombre Scheinbar es juego de palabras un poco malo entre su significado alemán de “aparente” y su versión inglesa “shine bar”. Pero el sitio está muy bien y los cócteles, deliciosos.

De ahí, dirección a Rudolfplatz, a la improbable discoteca de música electrónica The O.

Una particularidad de las discotecas alemanas que he visto hasta ahora, no parece haber mucha cola nunca – de hecho ayer no había – y los porteros siempre tienen cara de amable.

Otra curiosidad es que se da una tarjeta que parece de lotería a la entrada, sobre la cual los del vestuario y de la barra irán anotando las consumiciones tachando cierta cantidad de casillas, y se paga remitiendo esta tarjeta en una caja a la salida. Siempre organizados, hasta en el ocio.

Hablando de organización, la desorganizada del día he sido yo, ya que decidí no cruzarme la ciudad para ir al brunch de esta mañana en Café Magnus. Lo siento pero debimos llegar todos como mínimo a las 4 esta noche. ¿Cómo se puede esperar que estemos sentados en un café desayunando a las 11 esta mañana? ¿Cuándo duerme esta gente? Ya estoy cogiendo reputación de la que duerme mucho. Me va persiguiendo esto…

Por la tarde, esta gente ha decidido retirarse después del brunch, ajá, ya decía yo, que tenían que dormir en algún momento.

Así que he ido por mi cuenta al Tag des Offenen Denkmals, que hace parte de las jornadas europeas del patrimonio, para ver dos de las innumerables iglesias de la ciudad apuntadas al programa, St. Andreas Kirche que parece estirada y St Gereon Kirche, que parece haber montado una kermés a la entrada. ¡Lo de gente que atrae este evento! Muy interesante, quiero volver, pero con más calma.

Palabra del día: Kater.


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De borrachos y acentos

August 18, 2007 · No Comments

Prueba superada con la película de la cual he conseguido entender la mayor parte: ¡qué orgullo, qué felicidad! Hasta tuve que decirle a una amiga preocupada intentando explicarme cada escena, que si, me estaba enterando, de verdad…

A eso de la una de la mañana, vuelta a casa, con la fauna nocturna ya bien atacada por los litros de alcohol ingeridos. Queda claro que con dos copas de vinho verde tomados en el Saudade, no dábamos la talla.

En el tranvía, un grupito de Frankfurt empieza a conversar con nosotros. El acento bávaro de un amigo mío les da mucho que hablar. En cambio el mío, francés a no más poder, sólo levanta un comentario de tipo: “vaya, lo siento, no hablo francés”, y alá, a seguir charlando conmigo en alemán, simpático grupo por cierto.

 

Cambiamos de tranvía y en el andén nos “asalta” una chica que claramente se ha emocionado de más con la vodka, pero simpática, vamos.

“No sé qué tranvía tengo que coger para ir a Zülpicherplatz.” (pero chiqui, si eres de Colonia). “Pues tienes que coger el 9.”

A mi amigo: “¿Tu no eres de aquí verdad? ¿Eres austriaco?” “No, soy bávaro.”
Y a mi: “¿Y tu también?”

Da igual que yo haya pasado los últimos cinco minutos explicándole qué tranvía coger con un acento francés que tira para atrás, a la chiquilla no le parece descabellado que pueda ser alemana. O austriaca, porque diez minutos después le vuelve a preguntar a mi amigo “Que tu eres austriaco” Y mi amigo ya mosqueado, de murmurar algo sobre un mapa, Alemania y Baviera en la misma frase.

“¿Y vosotros qué tranvía vais a coger? Voy con vosotros.” Creo que mi amigo le ha gustado, no sé porque pero me da que no es reciproco.

 

Conclusión, el ser bávaro provocará más levantamiento de ceja entre los alemanes que el ser francés, y parece que, hasta borrachos, no odian a los franceses: no estoy acostumbrada y me sorprende gratamente.

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Ayer, de noche por Colonia

August 16, 2007 · 1 Comment

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Primera parada, el Ice Bar, al lado de la mítica catedral de Colonia. Este curioso establecimiento pegado al hotel Hilton al cual pertenece, se merece una visita, aunque fuera por su curiosa decoración.

En efecto, la barra del bar es un gigantesco bloque de hielo, encerrado en una carcasa transluciente, que deja la capa superior de hielo al descubierto, porque sino, donde estaría la gracia.

Ideal para mantener la cerveza bien fresca.

Aunque lo más típico no es la cerveza sino los cócteles, cuya carta está indicada en pantallas pegadas a la pared. Y lo que no esté en la carta, se pide igual. Los camareros lo traerán con la misma amabilidad.

Seguimos por el Jaipur, uno de los mejores restaurantes indios de la ciudad.

Nos ponemos en la sala del fondo, que en realidad es un jardín grande con plantas exóticas y un plan de agua enorme con fuentes en el medio y chorritos de agua para imitar la lluvia.

Este último elemento se revela pronto superfluo, ya que a los pocos minutos empieza una tormenta y en ese momento lo único que nos protege del chubasco, es un toldo de tela que deja escapar trombas de agua por sus lados.

Por lo cual acabamos rodeadas por finitos chorros artificiales de agua de un lado y la lluvia que cae a mares del otro. Efecto tropical garantizado.

Eso si, los platos se merecen un sobresaliente y acabamos una cena impecable con un delicioso té massala.

A repetir, tal vez cuando deje de llover…

Hier, sortie sur Cologne

Premier arrêt, le Ice Bar, situé à côté de la mythique cathédrale de Cologne. Dans ce curieux établissement jouxtant l’hôtel Hilton auquel il appartient, le comptoir est composé d’un énorme bloc de glace emprisonné dans une carcasse translucide qui laisse la calotte supérieure à l’air libre sinon c’est pas du jeu. Parfait donc pour maintenir sa bière fraîche plus longtemps.

Mais ce qui prime dans cet endroit, ce sont surtout les cocktails, dont la carte est affichée sur des écrans fixés aux murs. Envie d’un cocktail qui n’est pas affiché? Pas de problème, les serveurs, aimables comme tout, le préparent sur-le-champ.

Nous laissons le Ice Bar pour nous diriger vers le Jaipur, un des meilleurs restaurants indiens de la ville.

Nous nous installons dans la salle du fond, en réalité un grand jardin rempli de plantes exotiques et décoré d’un vaste plan d’eau agrémenté de fontaines et de jets d’eau imitant la pluie. Ces derniers se trouvent rapidement menacés par la sérieuse concurrence d’une averse qui commence peu après notre arrivée et dont nous ne sommes protégées que par un auvent de toile par les bords duquel l’eau s’échappe à torrents à deux mètres de nous. Nous nous retrouvons donc coincées entre une fine pluie artificielle d’un côté et une trombe d’eau magistrale et bien réelle de l’autre. Ambiance tropicale garantie.

Heureusement les plats valent vraiment le déplacement, et nous achevons cet excellent repas par un délicieux thé massala.

Encore une fois, rien à redire, que du bon: le service discret et efficace comme on les aime, pas d’attente entre les plats, personne ne nous presse à quitter la table. A refaire.

Girls night out yesterday in Cologne

First stop, the Ice Bar, close to the mythical Cologne cathedral.

In this curious establishment being next to the Hilton to which it belongs, the counter is made of an enormous block of ice trapped in a translucent open top frame that leaves all leisure for the customers to draw patterns on it or chill their beer in it, which is nice.

But more typical there are the cocktails, listed on screens all accross the walls. Fancy a cocktail not on the list? No problem, obliging waiters will prepare it with the same care and bring it over to you.

We leave the Ice Bar to go have dinner at Jaipur, one of the best Indian restaurants in town.

We get to the back room, actually more of a rather large backyard with exotic plants and an artificial pond with fountains and a drizzle for rain effect. A completely superfluous effect at that, because as it turns out, rain – the real kind – starts pouring down on our canopy, quickly surrounding us with small waterfalls. Tropical effect guaranteed.

Fortunately the dishes are really great, and so is the discrete, quick and effective service. Admittedly, the staff are struggling with their German, but so am I after all.

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