Por fin me he decidido y he añadido una sección en español, a la página de utilidades que había creado en esta bitácora y que se puede acceder o bien pinchando en lo subrayado aquí, o bien pinchando arriba, en la barra de menú.
A partir de ahora, se puede encontrar en esa página una lista de recursos encontrados en Internet sobre los temas siguientes:
- Colonia
- Alemania en general
- Y cualquier recurso relacionado con el aprendizaje del alemán, sea gramática, lecturas, audio y videos, así como buscadores de tándems de idiomas.
También se puede acceder pinchando en la página de utilidades en la barra de menú y a continuación seleccionando la última opción (llamada “utilidades sobre Colonia, Alemania y el aprendizaje del alemán”).
Para hacerla, encontré poco recursos en español, la mayoría de ellos vienen escritos en inglés y en francés, cuando no aparecen directa y solamente en alemán.
Estos vínculos son los que utilizo personalmente, por lo tanto ya he comprobado que funcionan, y espero que puedan serles útiles a más gente.
También añadí ahí dos cosas que no utilizo, pero que tal vez le puedan venir bien a alguien. Son:
-una lista bastante extensa de páginas web de búsqueda de alojamiento en Alemania, dividida entre WG (casas compartidas) y viviendas para alquilar o comprar.
La última vez repasamos un poco estas técnicas que permiten agilizar el aprendizaje del alemán.
Hoy un poco en la misma línea, vamos a seguir con el maravilloso mundo audiovisual alemán, toda una experiencia extrasensorial si, como yo, no entendéis gran cosa del idioma.
A este efecto, estuve viendo el programa de vulgarización científica Galileo de la cadena Pro7. Se trata de un programa muy exitoso, con el cual se puede aprender un montón de cosas interesantes, o eso supongo, ya que no me entero de la cuarta parte de lo que se cuenta.
Pero esto es lo de menos, os lo voy a resumir igual porque me gusta hacer beneficiar a los demás de mi ignorancia.
Dos noches atrás, cogí el programa ya empezado, y llegué cuando unos catadores estaban probando unos Gummibärchen, los pequeños osos de goma de marca Haribo. De hecho, por eso me enganché, porque Haribo es una marca de aquí al lado, en Bonn.
Bueno, pues, en el reportaje, un equipo estaba intentando copiar las bienamadas gominolas y los catadores iban con ojos vendados probando el sabor y la textura para comprobar si eran iguales.
Si, catadores. Como en el vino, igual, salvo que en vez de vino eran gominolas.
Con este reportaje, el tono está dado. Y de paso, bienvenidos al mundo paralelo de Pro7 para los negados del idioma alemán.
El tiempo de pasar una llamada rápida y a la vuelta delante de la tele, ¿qué veo? Una señorita en bikini que está tratando de nadar en una piscina llena de monedas. Y fíjate tu por donde, no lo consigue.
Conclusión, en una piscina llena de monedas, no se puede nadar.
Pero la jóven no se desanima. Vuelve a intentarlo, esta vez con billetes de Monopoly encima de las monedas. Y de nuevo, no consigue nadar. Y eso que lo prueba todo, brasa, crawl, de espalda… No intenta nadar en mariposa de milagro, hubiera sido divertido un rato esto.
Ahí, corte publicitario, y como no tengo ni idea de donde está el Pro7 alemán, he puesto su equivalente austriaco, lo que me da la oportunidad de visionar anuncios como éste:
Sólo por estos momentos, merece la pena tener la versión austriaca de la cadena.
Entre el experimento de la nadadora y el anuncio, ya no me quiero despegar de la televisión. Cosas como estas no se viven todos los días, esto hay que verlo hasta el final.
Y ahí sigue el programa, y va a más, esta vez con un señor muy salado que está intentando pegar un tiro con una zanahoria metida dentro de su escopeta en vez de un cartucho.
Como era un poco de prever, la zanahoria al salir, revienta el cañón de la escopeta. Y a continuación vienen unos diagramas y una voz en off dando unas explicaciones sobre el fenómeno…
Va sin decir, con estos experimentos, estoy enganchada: Galileo es el programa que faltaba en mi vida. A verlo y a pasármelo bien, por lo menos hasta que por fin me entere de qué va y se le quite el lado surrealista.
Sólo por ello, espero no progresar mucho en los próximos meses…
Contra toda esperanza, la Lernbox me sigue funcionando. Sin embargo a mi nivel - malo el nivel, pero, malo, malo - le veo un problema: apunto las cosas tales como las entiendo, con faltas de ortografía y de comprehensión incluidas. Y luego, las aprendo mal, hasta que mi rubio pasa por ahí y efectúa una paciente revisión del contenido de la caja.
Otros métodos que intento utilizar pueden ser bastante pasivos, como escuchar la radio o ver la tele.
Por ejemplo, me encanta el programa para niños Die Sendung mit der Maus con sus reportajes didácticos y sus adorables dibujos animados.
Métodos más activos incluyen utilizar los inagotables recursos gratuitos encontrados en Internet – con ficheros de audio, gramática, lecturas sencillas, ejercicios, etc.
De estas páginas web he dejado una lista en la página de utilidades de esta bitácora, bajo el título de “German language”, y se pueden acceder pinchando aquí.
Ahora, cuando no me apetece estar delante de una pantalla, intento leer algo. Los libros son demasiado arduos para mi nivel, así que me limito a leer revistas, con muchas imágenes porque soy vaga.
El problema reside en encontrar una revista que me guste.
- Deutsch Perfect es una revista hecha para los que están aprendiendo alemán. Dos problemas le veo: la carestía de esta revista, y la extrema simplificación de la sintaxis empleada, que por un lado la hace amena de leer (esto y los glosarios incluidos) pero del otro, me da la sensación que no estoy aprendiendo gran cosa.
- Der Spiegel tiene unos artículos muy interesantes pero su elaborada sintaxis me recuerda mi sexto año de latín y ahí me entran sudores fríos sólo con pensarlo. En fin, entre la complejidad de uno y la simplicidad del otro, necesito algo intermedio.
- Otra revista que también trata de asuntos de actualidad, Stern, es un poco más fácil de leer, el problema es que los temas tratados no me suelen gustar tanto como los del Spiegel.
- Las revistas femeninas son iguales que en otros países, lo que facilita su comprensión. Ahora bien, de sus temas principales sobre cómo encontrar a un hombre, perder su celulitis y perder peso, lo menos que pueda decir es que no me apasionan.
- Y ya con las revistas de corazón tocamos fondo. Pero al final, cuando viajo en avión, si las distribuyen en el vuelo, las cojo. Es curioso, me veo incapaz de siquiera abrir una revista de estas en inglés o en español. Hasta mi peluquero en Francia nunca me las da, siempre me reserva las de actualidad: a ver si Alemania no me va a estar afectando el temperamento y le estoy cogiendo gustillo al asunto o algo…
- Una que si me gusta bastante en su formato y su contenido, es Neon, publicada bajo la cúpula de Stern. Ahora empiezo a ser un poco mayor para leerla, ya que se trata de una revista para jóvenes adultos, con temas de actualidad y de preocupaciones variopintas de la generación de los 20-35 años.
Desde luego con títulos como “Mein Handy rettet mit den Arsch”, como no aprenda el vocabulario base de la juventud alemana, no sé qué lo hará.
Bueno, si, esta misma juventud también me puede enseñar estos giros de frases en vivo y en directo. Al fin y al cabo, no haya nada como hablar con la gente, y con lo que les gusta hablar por aquí, esto no es un problema.
A los que acaben de llegar a Alemania y aún no conozcan a gente alemana, sólo puedo recomendar apuntarse a un tandém – también llamado Sprachtandem – con una persona alemana: consiste en hablar mitad del tiempo en alemán y mitad en su idioma materno. Es gratis, es divertido y permite conocer a gente local.
Dos reglas: buscar a alguien con un nivel de idioma parecido: si se es principiante en alemán, la otra persona del tandém debe serlo en el otro idioma. Si si, así funciona.
Y la otra regla es pasármelo bien. Si la corriente no pasa, se busca a otra persona.
Para encontrar tándems, es muy fácil: de pueden dejar o leer anuncios en los tablones de las academias de idiomas y de las universidades.
Y también por Internet, en estas páginas por ejemplo:
Aprender alemán me da pereza y no es algo nuevo. Ya de pequeña en el Conservatorio de música, donde el alemán y el italiano predominan, me lo dijeron: “el alemán no es para ti”. Y les creí.
Ahora que estoy en Alemania y que si todo va bien, me quedaré aquí unos años más, no queda más remedio, a no ser que quiera seguir con esta cara de beata que pongo cada vez que alguien me habla. Y la gente habla mucho por aquí, en el ascensor, en el tranvía, en el trabajo, los amigos también hablan. No paran, vamos, y es más, se empeñan en hablar en su idioma: hay que rendirse a la evidencia, los alemanes hablan alemán. Ante esta situación, me va a tocar hacer un pequeño esfuerzo.
El problema es que además de ser más vaga que la norma, tengo poca afinidad con un idioma que, digan lo que digan y a la excepción de su ortografía, no acabo de considerar lógico para nada.
Reglas tienen por supuesto, pero parecen estar hechas para no seguirlas.
Los misterios de los géneros me superan: ¿por qué una chica joven, un bebé y una víctima tienen que tener un género neutro? Si son personas, y la joven que sepa yo, tiene un género bien definido. Bueno, pues no , en alemán son neutros y esta norma no se puede inventar sobre la marcha, hay que aprenderla de memoria.
Otra cosa que me maravilla es la formación de los plurales: a veces toca una s al final de la palabra, a veces una e, a veces una n, a veces la palabra sufre una transformación más drástica con la incorporación de una diéresis entre otros elementos, y a veces se queda exactamente igual que al singular. Tendrá sus razones pero no dejo de verlo como anarquía pura y simple. Otra vez, como no se aprenda cada plural, no lo voy a poder inventar.
Como estudié latín, los usos de las declinaciones no suponen mayor problema; el día que sepa como se aplican a los adjetivos, esto será un juego de niños.
Ante este alegre descontrol, tengo un método poco ortodoxo para aprender a chapurrear tres palabras y que me entiendan. Paso de la gramática por completo, pero en cambio leo y sobre todo escucho. Y como no me gusta ejercer mi memoria – repito, soy vaga – leo lo mismo una y otra y otra vez, hasta que el vocabulario y la sintaxis se me queden grabadas. Y repito como los loros.
Cuando me vine a España, me acordé de la película de Jim Jarmusch, Down By Law, donde Roberto Benigni hace de inmigrante italiano que está encarcelado con Tom Waits y John Lurie, y como no se maneja muy bien con el inglés, va apuntando en una libreta todo lo que dicen sus dos compañeros de celda.
Así como los pocos meses de llegar a Madrid, me hice con un cuadernillo pequeño y empecé a llevarlo a todas partes. La gente, encontrándolo gracioso, se puso a apuntar palabras, frases hechas, incluso dibujos de más o menos buen gusto, de todo vamos. La libreta se convirtió en algo interactivo y algo de qué hablar. Y funcionó. La llevé durante años, y cuando un día me puse a mirar las primeras páginas, me sorprendió ver el tipo de vocabulario que me faltaba en aquél entonces y la cantidad de palabras nuevas que había aprendido en estos siete años de estancia permanente en España.
Ahora, igual que en España, llevo una libreta, distinta a la del vocabulario español por supuesto. Tiene el mismo éxito, los alemanes también van apuntando cosas en ella. Pero el caso es distinto: empiezo de cero en alemán mientras el español lo había estudiado durante unos cuantos años (8 en total) antes de venirme a Madrid. Y se mire como se mire, pocas son las palabras alemanas de raíz latina, hasta diría que son menores que en inglés.
Por lo tanto este aprendizaje “a lo vago” requiere un tratamiento de choque.
El viernes pasado, limpiando mi armario de algunas cosas de mi predecesor que ya tocaba archivar, me encontré con una Lernbox, que había visto meses atrás y que había ignorado por completo. La Lernbox ¿qué es? Literalmente significa caja de aprendizaje. Es una cajita de cartón alargada con cuatro separadores, es decir 5 compartimentos, donde van fichas de papel grueso tamaño A8.
El principio es el siguiente: En cada ficha escribo una palabra o una frase de mi libreta (por ejemplo) en alemán por un lado, y por el otro, su traducción.
En mi caso la traducción la pongo en inglés porque me es más cómodo así, lo importante es escribir una traducción que se pueda entender. Estas fichas escritas las coloco en el compartimiento número uno, que corresponde a las palabras que no me sé.Un poco más tarde o al día siguiente, cojos unas fichas de este compartimiento: si me sé su significado, las paso al compartimiento número dos. Si no me las sé, miro su traducción y las vuelvo a colocar en el compartimiento número uno.
Al día siguiente u otro día incluso, miro las fichas del compartimiento número dos, y de la misma manera si me las sé van al compartimiento número tres. Pero si se me han olvidado, vuelven al compartimiento número uno. Un pequeño esquema sacado de la página de AOL, el fabricante de la Lernbox que utilizo, para que nos entendamos:
El día que hayan llegado unas fichas al quinto y último compartimiento, les daré la vuelta, cara en inglés primero, y las volveré a colocar en el primer compartimiento, tratando esta vez de intentar encontrar su traducción al alemán. Si me sé la traducción, y una vez llegada de nuevo al quinto compartimiento, podré considerar que me sé la palabra y podré desechar la ficha correspondiente.
De momento no he llegado aún: empecé este sábado, hasta ahora he rellenado 50 fichas, de las cuales casi dos tercios siguen en el primer compartimiento, unas pocas han llegado al tercero y otras, que rellené más tarde, están en el segundo. Pero parece que funciona, ya que estas pocas palabras no me las sabía hace cuatro días, y no era por no ser comunes ni haberlas oído unas cuantas veces antes.
A ver si a medio plazo sigue funcionando.No sé si existe un método similar en España o en otro país de hecho, pero en Alemania creo que es bastante popular, en los colegios por ejemplo, y no sólo para los idiomas ya que vale para cualquier materia que requiera algo de memorización.